miércoles, 6 de agosto de 2008

El pueblo de El Chancho Rengo

LA REVOLUTA - EPISODIO 9

Páramo o isla. Ambas designaciones sentaban igual a Estación Alicia, perdida en alguna parte del mapa, tragada por un mar de soja.

La primera cuadrícula del pueblo fue trazada en 1880 con los espacios tradicionales de las comunas hispanoamericanas. Un cuadrado central para la plaza y a su alrededor la comisaría, el edificio comunal y la iglesia. Por aquellos años, la futura Estación Alicia no era más que un parador en el paso a las mercedes de San Luis.

Un alma paciente logró establecer allí un pozo de agua, el precedente necesario para el parador, apenas un puesto, un rancho de paredes de barro y techo de varillas de chañar y pasto seco. La posta sirvió para recambiar caballos y mulas.

Los colonos llegaron cuando el siglo nuevo ya había tomado carrera. Por entonces, dos familias tenían terrenos en la zona que ocuparía la estación del ferrocarril con la que nació el pueblo. Los Scabuzzi y los Vaira mantenían pequeños tambos y sembradíos de trigo, uno frente a otro. El resto de las tierras pertenecían al Estado.

El ferrocarril de la Argentine Line and Investment Cía. llegó en los veinte del siglo veinte. Los ingleses levantaron la estación y dejaron un sereno y su familia. Le pusieron un nombre administrativo: Estación A.L.I. & Cía., el acrónimo que dio el nombre definitivo al paraje. Por allí pasaba un tren carguero con un solitario vagón de pasajeros. Unía San Luis y Buenos Aires, cortando Córdoba por el sur.

Las dos primeras casas con ambición de tales fueron de los Scabuzzi, que tenían mejor visión de negocios que sus vecinos. Un pequeño bar y una casita de abarrotes empezaron a tentar a los pocos pasajeros del tren a bajar por un descanso.

A medida que se asignaban campos, los inmigrantes fueron llegando y, con ellos, algunos vendedores de chucherías y gente de oficios varios. El pueblo fue oficialmente creado cuando contaba con doce casas en las que habitaban sesenta y tres personas divididas en diez familias. Las familias de entonces eran prolíficas para tener suficiente mano de obra con que trabajar el campo. Había, también, dos hombres solteros.

Estación Alicia creció durante algún tiempo y tuvo su auge durante la Segunda Guerra, cuando el trigo abastecía a medio planeta. Entonces llegaron a vivir allí seiscientas personas.

Pero entró en el olvido a medida que se desarrollaron otras ciudades del interior. Los jóvenes la abandonaron buscando una vida lejos del trigo. Una vez en las universidades, no regresaban. Algunos se establecieron en ciudades no muy lejanas, heredaron los campos de sus abuelos y padres apenas para administrarlos a la distancia.

¿De qué recuerdos vive un condenado a la desaparición? La Estación tuvo una efímera trascendencia por un cantor de tangos que ascendió en la farándula de Buenos Aires tan rápido como desapareció. Se llamaba Florencio Tagliaferri y se hacía llamar El Chancho Rengo, decisión artística que procuraba darle hombría a un apellido poco tanguero.

El Chancho Rengo tenía la voz demasiado aguda para el género pero aun así logró cantar en bares de segunda de la capital argentina. Los pueblerinos se sentían orgullosos cuando llegaban noticias de Tagliaferri. Las enviaba él mismo en cartas a su anciana madre. Eran un resumen de mentiras que una noche lo ponían cantando con la orquesta de Razzano, otra discutiendo con Discépolo sobre la corrección política de “Cambalache” y la tercera haciéndole la segunda a una visita internacional.

Tagliaferri murió en la cárcel donde pasaba unos días por robar una bolsa de zanahorias en el Abasto. Nadie sabe cómo fue. La última carta a su madre decía que se embarcaba a Uruguay y, de ahí, a Nueva York o París, adonde lo llevase el carácter a veces irascible de Carlitos, como llamaba a Carlos Gardel.

Esas líneas fueron su epitafio para el pueblo, donde siempre creyeron que el paisano había hecho fortuna en el extranjero. Cuando Gardel murió en el accidente aéreo de Medellín, toda Estación Alicia lloró al ídolo argentino, pero más a la estrella local, a quien creían ocupando una butaca en el fatídico avión del Zorzal.

Como su cantante, Estación Alicia acabó en la nada. Las décadas del 1950 y 1960 reforzaron su perdición. Pocos jóvenes quedaban ya y quienes lo habían sido pintaban canas y alcanzaban apenas para reemplazar a los viejos que morían. Al hervor de los años setenta, el caserío se subió a la historia nuevamente, pero hasta con menos estruendo que cuando el Chancho Rengo.

Algunos universitarios retornaron circunstancialmente imbuidos de fervor militante. Pintaban consignas con alquitrán en las medianeras de los baldíos y querían revolucionar a viejos aburridos de vivir. Los de mediana edad, más duros que un pedernal, los echaban a patadas de los bares. No era por reacción sino conveniencia, pues interrumpían el campeonato local de tute y canasta. Agotados de la infructuosidad de la misión, todos los estudiantes abandonaron el lugar. Sólo se quedó uno, el panadero Porchetto.

Ya hundida en el anonimato, Estación Alicia siguió apagándose irremediablemente. La vida quedó acorralada en las tardes de plaza, el bar de Doña Margarita y la cotidiana compra en la verdulería de Raimundi. Eran más los que morían —uno o dos al año— que quienes llegaban a quedarse, peones de ocasión que no dudaban en partir tras levantar las cosechas.

Ni las ánimas se arrimaban. Los últimos nacimientos alumbraron en los años ochenta; un tiempo después aparecería la maestra. Tras ella, sólo Prasky, el periodista, asumió el rol del extraño necesario para inaugurar un nuevo capítulo en la historia de un pueblo necesitado de movimiento para remover la ateroesclerosis y la humedad de las articulaciones.

No hubo certeza del valor de la presencia de Prasky hasta la consumación de los hechos. Tampoco nadie percibió que ellos completarían un episodio ocurrido más de dos décadas atrás, cuando alguien apagó la luz.



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14 piquetes:

› Un piquete VIP de Autócrata

Chevere lo del chancho rengo pero no estoy de acuerdo con que sea necesario un extraño para cambiar la historia: no necesitabamos a chavez aqui, gemelo

autocrata escualido

› Un piquete VIP de Turca

Che, eso de A.L.I. & Cía es verdadero? Porque suena a. Así se llamaba, o algo parecido, la compañía inglesa que manejaba los trenes a principios del siglo XX (yo sigo hablando de siglo XX como si fuera ahora, me va a costar un siglo cambiar de siglo)

Turca

› Un piquete VIP de Soboro

Qué desolación de lugar y de gentes paradas e inútiles.
Al menos un episodio supongo que les haría moverse: el apagón. Ya veremos.

› Un piquete VIP de ElEmir

Revolucionar a viejos aburridos de vivir... eso necesito yo, y no tengo ni 45

› Un piquete VIP de Diego Fonseca

Autócrata: Mi estimado, esto es una novela. Lo de Venezuela, no. Aunque entre en el género híbrido realismo mágico-terror-parodia).

› Un piquete VIP de Diego Fonseca

Soboro: Se movieron, pero... En el próximo capítulo empieza a saberse.

› Un piquete VIP de Diego Fonseca

Emir: Ánimo (o qué se yo).

› Un piquete VIP de Ana Lia

Tiene razón Soboro: qué desazón en ese lugar. Por eso no me extraña que estalle una revolución. Las revoluciones son como ollas a presión. Nada pasa pero pasa todo.

› Un piquete VIP de Nicolás Guillén

Ok, ya quedó claro el escenario completo. ¿Ahora se larga? Necesito acción, viejo. ;-))

› Un piquete VIP de Anónimo con Apellido

Ja... Eso del Chancho Rengo es bueno.

› Un piquete VIP de Diego Fonseca

Ana Lía: Una buena definición de cocina.

Nico: Se larga. Calma, soldado.

Anónimo: Gracias. ¿Sólo eso?

› Un piquete VIP de Cachivache

Lo de ALI&Cia es como dice Turca?

› Un piquete VIP de Rogelio Federer Express

Como pediste que digamos, digo: "poco antes de la durante Segunda Guerra". Ahí hay un error de tipeado, gramática o lo que sea.

› Un piquete VIP de Diego Fonseca

Cachivache y Turca: Así es. Es el nombre de la compañía británica de ferrocarriles. El pueblo no existe como tal (Estación Alicia), pero sí existe Alicia como pueblo, y responde al acrónimo.

Rogelio FedEx: Muchas gracias. Corregido.

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